miércoles, 30 de julio de 2014

Durante el transcurso de la vida, encontramos diferentes opiniones, diferentes ideologías, que podemos compartir o no, algunos mueren por defender sus ideales, otros se adaptan a los cambios. Como es el caso de nuestros próceres que lucharon para ser un país libre. Pero existe una antigua palabra que me entristece enormemente, pronunciarla o escribirla, y que en la actualidad siga cobrando fuerza, es mas triste aun. Como es el caso del Estado de Israel, sobre Palestina, ver como bombardearon escuelas, a la ciudad, sin importar los niños, mujeres, hombres, nadie tiene el derecho de matar a nadie y mucho menos impunemente, mi repudio a estos hechos y que la palabra genocidio sea una palabra para ser usada sobre un hecho histórico y no como una noticia actual, como sucede hoy  

jueves, 8 de mayo de 2014

Concurso Internacional de Poesía y Narrativa "Cultura en palabras", mencion de honor con la obra "La Carta"

LA CARTA
Mi nombre es Rosa y escribiré parte de mi vida. Nací y pase parte de la infancia en un pueblito de la provincia de Santiago del Estero llamado “Pocitos”, donde nadie, nunca supo decirme porque se llamaba así. Nuestra casa estaba constituida por un comedor, dos dormitorios, el baño se encontraba como a cincuenta metros, ubicado en la parte posterior de la misma, a un costado estaba lo que papá llamaba la galería, tenía dos paredes de caña tacuara cubierta de adobe, igual que el techo de casa, ese era el lugar donde se dejaba estacionar el queso y el arrope, que era un brebaje hecho a base de la tuna, espinosa planta nativa que crece en los montes. Mi padre un gran bebedor de ginebra y fumador de cigarros hechos con chala de choclo saborizados con anís,  era muy trabajador, antes que amaneciera ya se levantaba para encender y dejar prendido el bracero, con carbón que mis hermanos hacían con leña de espinillo traído del monte. La tetera negra a causa del hollín, que cuando llegaba al momento de ebullición, silbaba tan fuerte que casi siempre me despertaba y me hacía acordar a la locomotora del pueblo. Preparaba su mate amargo y a la luz del fuego pensaba, no sé qué cosa, luego calzaba su infaltable puñal de plata en su cinturón y partía a ordeñar las vacas, no sin antes pasar por mi cuarto taparme y darme un beso en la frente, muchas veces me hice la dormida, pero creo que él se daba cuenta de mi acto y me daba dos besos. Aquellas madrugadas, del cruel invierno, partía a través de la escarcha sin importar el Pampero frío, viento que te helaba hasta los huesos.
 Fui creciendo, comencé ir a la escuela que se encontraba en el pueblo, tardaba en llegar alrededor de dos horas, montada en mi mula Lujan, nombre que elegí en honor a la virgen, allí hice parte de la primaria y mientras cursaba sexto grado, papa falleció a causa de una riña que tuvo en la pulpería de don Florentino, parece que fue problema de polleras, cosa que escuche de mi hermano mayor Pedro, alias el pelado, cuando una noche que bebían vino directamente de la damajuana, le contaba a Ángel el narigón.
A raíz de esto, mi mama doña Ana, con tantos hermanos ya que éramos ocho siendo yo la más chica, no podía mantener a todos y darnos una educación, por ende no pude terminar mis estudios primarios y fue así que opto por mandarme a Buenos. Aires. Allí mama tenía una hermana llamada doña Segunda, que vivía en San Fernando a cuatro cuadras de la fábrica de neumáticos, sobre la calle Simón de Iriondo, ¡qué nombre raro de calle ¡ Llegó el día del gran viaje, lloré como nunca, mi madre trataba de disimular pero también lloró al ver como partía aquel bendito tren, luego de viajar casi dos días desde que abordamos en la estación de la Banda con mi hermano Chirino así lo llamaba mamá, llegamos a Retiro y al descender de aquel vagón, quede absorta por la magnitud de la gran ciudad, mis ojos ni siquiera pudieron pestañar. Jamás había visto tantos trenes juntos, la estación parecía una ciudad con millones de personas que como hormigas no dejaban de caminar, aun mi memoria conserva aquel sorprendente momento.
Nos estaba esperando mi tío Atilio con su sombrero de ala ancha y un traje a rayas, haciéndolo muy pituco a él, después de saludarnos abordamos otro tren hasta una estación que tenía por nombre Virreyes, allí estaba mi tía de nombre Segunda. Llegue con mi bolsito, con algo de ropa, un queso de cabra entero y tres tortillas, arribamos a la casa, me presento al resto de la familia y me acomode en la pieza de mi prima Silvana ya que dormíamos juntas. Ya siendo una adolescente de 16 años, tenía que terminar la escuela primaria y lo hice en la N° 37 a la noche, mientras tanto Chirino se volvió al pago, seguí estudiando y me recibí de maestra, nunca pude tener amigas, quizás por mi condición de provinciana, mi piel mestiza, mi acento, pero en realidad, era más por mi manera de ser, tan callada, solitaria, algo vergonzosa pienso ahora, pero lo que me hacía sentir libre, era cuando enseñaba a los niños. Conseguí trabajo en el mismo lugar que estudié, pero solo pude ser maestra del turno noche, cada vez que pedía trabajo en alguna escuela para trabajar en el día, me decían que nunca había vacante, muy pocas veces logre cubrir alguna suplencia. Así que durante el día daba clases particulares, aquellos chicos que tenían problema de aprendizaje en la escuela. Fui ahorrando hasta que me pude ir a vivir sola, lograr esa independencia me llenó de gozo, ya no quería vivir en casa de la tía, ellos siempre fueron cariñosos conmigo, pero mis primos siempre riéndose irónicamente de mi aspecto campesino, de mi cabello, muchas veces terminaba llorando sola en la piecita sin comer por culpa de sus burlas y Mario alias el peto, era el peor. No tenía amigas, jamás salía a bailar, a veces los domingos me iba a pasear al tigre, para no ser el núcleo de sus socarronerías. Amaba ver a los niños jugar al lado del río, fue así que conocí a un muchacho de origen humilde y simpático, que siempre alimentaba a los peces con migas de pan, era impresionante como se llenaba de aquellos seres acuáticos, hasta me atrevería a decir que les hablaba y parecían viejos amigos. Fue así que comenzamos a charlar cada vez que iba, hasta que me invitó a tomar un helado, charlamos como nunca, entre bromas le pregunte el porqué de alimentar los peces y me contó que se llamaba Carlos, era huérfano y ni siquiera sabía si tenía hermanos, fue criado en un reformatorio donde todos se le reían, porque no sabía leer ni escribir, entonces imaginaba que los peces eran sus amigos y su familia, trabajaba como obrero de la construcción. Quede impactada con su historia, así que le propuse ser su maestra particular, fue así que nos enamoramos y nos fuimos a vivir juntos a su pequeña casa ubicada en un gran terreno. A los dos meses traje mi madre a vivir conmigo, mis hermanos siguieron viviendo en el campo y cada cierto tiempo nos visitaban, mayormente en las fiestas de fin de año. Logre formar una familia casándome con Carlos y por esas cosas de la vida, no pudimos tener hijos, algo muy anhelado por nosotros, pero pudimos  concretar un sueño, logramos tener un hogar de niños, llegaban chicos de todos lados, que por distintos motivos estaban con nosotros, esto fue prosperando, logramos conseguir un pequeño subsidio del gobierno, no era mucho pero alcanzaba para la leche de todos los días, no sé cómo creció tanto, logramos albergar hasta 35 niños, fueron creciendo, algunos fueron adoptados, otros consiguieron trabajo, otros estudiaron, y así siguió la imparable rueda de la vida. Mi madre doña Ana ya no está con nosotros. Hoy aquí estoy sentada en este sillón, ya jubilada hamacándome, con mis 69 años, con algunas arrugas y achaques, me siento algo cansada últimamente, pero feliz, muy feliz por lo que la vida me dio, tuve más hijos de lo que jamás haya imaginado, algunos ya lograron formar su familia y nunca dejan de visitarme diciéndome mama, sus hijos abuela, eso tiene un valor emocional que me llega hasta lo más íntimo de mi ser. No se cuanta gente pasó por el hogar ya perdí la cuenta, pero junto a mi amor fuimos y somos felices, agradezco a Dios por este maravilloso hombre que junto a mi lado, luchó para concretar nuestro gran y maravilloso sueño. Hoy con menos cabello, lleno de canas, lo sigo viendo como el más buen mozo y el más gracioso de todos los hombres, de una sonrisa única, jamás supe de donde inventaba tantas historias que siempre contaba a nuestros hijos. Hasta hoy me repite a diario lo  feliz que es a mi lado y la alegría que le da poder ver sonreír a los chicos, les ha enseñado a trabajar la madera fabricando mesas, sillas ya que cada vez somos más, el mantenimiento no se termina nunca, pero ver como todos colaboran, hace más llevadera la tarea, algunos vecinos nos ayudan también, como doña Norma que les prepara la leche todos los días llueva o truene, mujer de oro. No sé cuánto tiempo más estaremos en esta tierra, nuestro paso por la vida no fue en vano y agradezco a Dios por este regalo que nos dio. Ya hablamos con Ulises para que sea el encargado de seguir con el sueño que nosotros un día comenzamos, recalcándole que “siempre hay gente que necesita de nosotros y nosotros necesitamos de ellos” ese es nuestro lema. Este otoño fue muy lluvioso y malo para mi salud, así que mañana iré a visitar a mi querido Dr. Waldo, ser humano increíble, ya le compre una botella de vino tinto que tanto le gusta a él, estoy un poco asustada por lo que me dirá ya que últimamente no me he sentido muy bien, temiendo  un mal presagio, me iré a recostar un rato ya que hoy ni siquiera tuve deseos de almorzar
- Jamás despertó de ese sueño. Al siguiente día después de haber enterrado a mama, luego de cenar y ver que los chicos estaban todos durmiendo, papa Carlos me dijo, Ulises quiero hablar contigo, pero no pudo omitir palabra alguna y en silencio me entregó una carta, mientras que de sus ojos descendían un par de lágrimas que no pudo ocultar. Quede petrificado por este acto, pero me di cuenta que era su anhelo que leyera esto. Así que hoy quise compartir con Uds. esta carta que escribió  mi mama Rosa y la mama de muchos. Esta primavera fue rara para mí, quizás la más triste que recuerde, saber que el otoño se llevó a mama Rosa como una hoja más. Su trabajo, su empeño por nosotros, marco nuestra vida como un gran ejemplo a seguir, continuaremos con este maravilloso sueño que un día ella logro hacer realidad. Solo le pido a Dios que no se lleve a mi padre ahora, necesito de él, cuando estamos solos, lo veo más triste, ya no es el mismo debido a la ausencia de mamá y lo entiendo, no sé qué pasara, pero no deja de sonreír y de contarle a los más chicos las mismas historias que nos contó a nosotros años atrás, cuando triste y abandonados llegamos al hogar, parte verdad, parte fabulas, partes inventadas por él, pero serán las mismas historias que contare yo cuando el ya no esté con nosotros…

                                                        Fin 

lunes, 14 de abril de 2014

NARRACION SELECCIONADA Y PUBLICADA EN LA "ANTOLOGIA PROFESOR DI MARCO" 2013

“NO QUIERO UN HEROE “
Hoy vino a mi mente mi escuela primaria, les contare el 1° día como fue: después de sonar aquella campana de bronce, entramos aun nuevo mundo para mi, la seño nos recibió y comenzó la charla preguntando, cuantos hermanos teníamos, en que trabaja nuestro padre, etc. Fueron pasando los días, comenzamos haciendo palotes, luego las vocales y había días que solo charlábamos acerca  de las historias, súper interesantes de nuestro país, como cuando San Martin cruzo la cordillera montado en su caballo blanco, sus hazañas  y así muchas otras historias más, pero la que me llamó la atención fue, la guerra de MALVINAS, tenía el mismo nombre que ¡la escuela!, recuerdo a la maestra contando esa historia  de cómo otro país se adueñó de nuestras islas, y del respeto que teníamos que tener por nuestros “Héroes “que murieron en batalla. Sonó la campana y cada uno partió a su hogar, pero sobre  mi cabeza seguía rondando de cuantos héroes  habían muertos en esa absurda guerra, textuales palabras de la señorita. Salí pensativo y como todos los días mi querida madre me esperaba en la esquina, porque desde ahí se veía el colegio, mientras me desabrochaba el guardapolvo, mama me preguntó cómo había sido mi día en clases, entonces le conté como jugamos, que escribimos nuestros nombres en el cuaderno pero lo que más me sorprendió fue sobre la historia de MALVINAS y de los héroes. Mi madre que siempre vivía cantando de repente hizo un silencio sepulcral, y de sus manos, la tasa cayó, un silencio inundo la cocina, el viento cerro la ventana de golpe, pareció como si el tiempo se hubiese detenido, sentí temor y cuando mire a mamá, sus ojos estaban húmedos a causa de las  lágrimas, asustado pregunté qué pasaba, me dio su mano y llevándome a la pieza saca una caja de arriba del ropero y comienza a mostrarme fotos en blanco y negro, donde ellos,( mis padres) se veían más jóvenes, un chico como de mi misma edad con un bebe  en sus brazos y ese chico de la foto lo encontraba parecido a mi, le pregunte a ella quien era dicha persona, apretándome a su pecho me dijo: te voy a contar una historia que paso unos años atrás, justamente en la misma época en que tu señorita te contó la historia sobre la guerra de Malvinas. Comenzó diciendo que tuve un hermano llamado Daniél y que cuando yo nací él estaba terminando la primaria, era una persona súper cariñosa y que a mí me quería con toda su alma, me llevaba a la plaza, pasaba horas a mi lado mientras mi madre hacia trabajos de costura. Cierto día llega una carta del ejército que decía que debía presentarse en un distrito militar para hacer la famosa colimba (servicio militar obligatorio), se presentó y a sus dieciocho años quedo como un  soldado al servicio del país, mientras mamá seguía contando suspiraba, como si en cada suspiro, parte de su alma la abandonaba desprendiéndose de su cuerpo y de sus ojos negros como la noche sin luna, le seguían cayendo lágrimas, surcando un camino ya marcado, que se le había formado por las tantas veces que en silencio lloró, sus rosadas mejillas  parecían estar acostumbradas a este ritual que me atrevería a decir que sucedía a diario. Dijo que lo habían mandado al sur a un lugar llamado Bahía Blanca, le había tocado marina. Viajó hacia aquel lugar, estuvo tres meses con veinte días, y antes de que comenzara la guerra, vino a casa por una semana, compartió muchas cosas con nosotros, papá hizo un asado en su honor, vinieron algunos tíos, primos, y hasta la abuela Lastenia vino, que  nombre extraño que tenía, pero que gran mujer, descendiente de alemanes era, alta, bonita, elegante y muy culta, le encantaba leer y tú eras su regalón dijo mamá, vivía haciéndote ropa, como trajes con moños, corbatas con elástico, disfraces. Aún conservo  fotos de aquello Ese día fue una cena familiar y una triste despedida, ya que sería la última vez que  veríamos a tu hermano, partió a la madrugada muy temprano, te besó mientras dormías, le serví el desayuno y papa lo acompaño a la terminal. Pasaron los días, recibimos cartas de el contando como era aquel lugar, frío, desolado  y que no le gustaría vivir en ese lugar, pero que tenía varios amigos, comían bien se divertían y así pasaban los días en aquel lugar. Hasta que  la madrugada del 2/4/1982 en un comunicado del ejército anuncian por cadena nacional, que  las islas Malvinas son nuevamente de Argentina, ese día mucha gente salió a la plaza festejando, pero mi corazón no dejaba de inquietarse por tu hermano, trate de comunicarme con el ejército pero fue imposible, queríamos saber de Dani, pasaban los días y cada noche oraba de rodillas pidiéndole a Dios por él. Mientras los comunicados a diario decían que estábamos ganando la guerra, pero mi corazón seguía intranquilo, quizás era mi instinto de madre, seguía sin tener noticias y así pasaban los días, en el barrio juntamos chocolates, los chicos hacían cartas, no sé cuántas bufandas hizo mis manos, ya temblaban de tanto tejer, pienso que fueron tantas que uniéndolas hubiese llegado a donde estaba tu hermano, en aquel recóndito lugar. Día y noche escuchando la radio para saber cualquier novedad, se escuchaba que habíamos destruidos fragatas, barcos, aviones y gran parte fue mentira, cada vez más preocupada estaba hasta que un día se escucha la triste noticia del hundimiento del Gral. Belgrano. Era un buque viejo, que había sobrevivido al ataque de Pear Harbor. 
El dos de mayo de 1982  a las 16:02 horas de aquel  fatídico día, Dani estaba de guardia con su fusil en cubierta, hubo una explosión y en ese instante se cortó la luz, comienzan los gritos de sus compañeros heridos, eran gritos de dolor  pidiendo ayuda, el sin dudar arrojo su arma y fue en ayuda de sus compañeros, algunos  muy heridos, les faltaba las piernas, brazos a otros, muchos quemados, imagino que abra sido una escena muy triste, algo sin igual nada parecido, había sido  un maldito torpedo enviado por el submarino ingles llamado Conqueror, haciendo impacto en popa, unas de las zonas más vulnerables, mientras trascurría esto. Hubo una segunda explosión a la altura de la proa, provocando un desprendimiento de la misma, y así comenzaba su hundimiento en las frías aguas del sur. En la segunda explosión, Dani mientras arrastraba a un compañero para ponerlo a salvo, una esquirla golpeo su cabeza y cayó al mar, textuales palabras del sargento Arístides Carrasco, hombre valeroso si los hay, sobreviviente de aquel episodio, estando 29 horas entumecido, junto a 20 compañeros a la deriva, en una balsa que solo tenían caramelos, un botiquín y 2 bengalas, en términos de una hora después del primer impacto se terminó por hundir, rapidamente dejo de flotar, llevándose consigo muchos cuerpos. Sentía que mi corazón se detenía, y las lágrimas brotaban de mi como a mi madre. Abre otra caja de felpa azul con tres medallas, cada una tenía un significado diferente, una era por el “Valor “ otra por su “Honor” y la tercera fue por ser un “HEROE” medalla al Mérito, ya que el no dudo en dar su vida por sus compañeros. HEROE, palabra que me hacía recordar a lo dicho por la seño, mientras nos abrazábamos y mientras llorábamos, sentimos el portón, era mi padre con su rostro cansado, nos abrazamos los tres, quedando en silencio no sé por cuanto tiempo, ese día no quise salir a jugar, solo mi papá habló y dijo murió como un “héroe” estemos orgulloso de él. Hice mis tareas en silencio, me fui a dormir temprano, fue un día raro, en la cena casi ni hablamos .Con el correr del tiempo fui creciendo, y la palabra “HEROE” siempre rondo en mi cabeza. La gente siempre cuando llegaba el aniversario o cumpleaños de DANI, nos decía que tendríamos que estar orgullosos porque sirvió al país, y sin embargo yo no lo estoy, ya les diré más adelante el porqué. Me gustaría preguntar al que tuvo la idea de crear esta mortandad sin sentido, le diría ”sr” presidente ¿Por qué? hizo la guerra, usted mando a matar a 323 personas que estaban en el Cruzero Gral. Belgrano, siendo un total de 649 vidas argentinas, que hoy no están con sus padres, con su hermanos, amigos y así nombraría muchas más. Unas islas, un pedazo de tierra no valen tanto como la vida de mi hermano, ni siquiera haber luchado con el mundo entero hubiera justificado la muerte de el, tan solo tenía 18 años, nadie quiso esta maldita guerra, que derecho tuvo usted. para mandar a la muerte a Dani y a otros casi niños diría de la misma edad, usted haría lo mismo con sus hijos? Usted, arrancó, destruyó muchos sueños, no solo murieron aquellos valerosos soldados por orden suya, sino que la familia de cada uno de ellos comenzó a morir de a poco, nos arrancó nuestra sangre, parte de nuestra vida quedo allí, en ese frío mar del sur, o en la isla misma, muchos padres, amigos hermanos pudieron ir a despedir a sus seres queridos que están enterrados en tumbas en el cementerio de aquel lugar, ?y nosotros ? donde podríamos llevarle flores a mi hermano, que descansa en esas profundas aguas,  no lo entiendo. Creo que no me retiraría sin antes escupir su cara y decirle “YO NO QUIERO HEROES, QUIERO A MI HERMANO.“
EN MEMORIA Y EN EL HONOR  DE AQUELLOS QUE OFRENDARON SU  VIDAS, POR NUESTRO PAIS, ENTRE ELLOS MI HERMANO DANI, MIS MAS SINCERAS CONDOLENCIAS Y RESPETO A LA FLIA DE TODO ELLOS
ESTA HISTORIA   MARCO  TANTO MI VIDA QUE  ME LLEVO A SER UN HUMILDE PROFESOR DE HISTORIA   C.C




sábado, 29 de marzo de 2014

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Estimados lectores les dejo mi correo electrónico para que se contacten.

carlincarrasco@gmail.com